Carlo Padial abre el episodio hablando de su agotamiento profesional, esa sensación de “llegar ametrallado a julio” tras meses de tensiones en el mundo audiovisual. En su monólogo divaga sobre lo absurdo de las llamadas por WhatsApp —que asocia a gente muy mayor o directamente desequilibrada— y cuenta cómo su iPhone ha acabado corroído por el sudor de tantas conversaciones laborales. También repasa algunas de sus obsesiones y manías: su relación casi compulsiva con las patatas Lay’s, su visión de los tatuajes como recordatorios permanentes de malas decisiones y la tendencia de muchos gestores culturales a refugiarse en el funcionariado. El bloque inicial se cierra con la lectura de un correo emotivo de un oyente de Menorca y una mención promocional a una barbería local, que sirve de transición hacia la entrevista.
La conversación principal con el historietista Paco Alcázar reconstruye el underground barcelonés y la importancia de figuras de la tienda de cómics Newton, responsables de impulsar proyectos de troleo cultural como el fanzine Alan Smithy o el grupo ruidista The Members. Alcázar repasa su trayectoria desde sus inicios solitarios hasta su etapa en El Jueves con Silvio José, y comparte su filosofía actual de vivir en ciclos cortos, sin grandes planes a largo plazo. El episodio concluye con una reflexión conjunta sobre la relación entre arte y trauma: crear no elimina la oscuridad interna, ese “hombre del cuchillo” que siempre acompaña al artista.